馃嚜馃嚫 Espa帽ol Carlos Pe帽a, 25 a帽os de nataci贸n (con aletas) solidaria

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(Sportalsub.net / Carlos Peña)

No es fácil describirle y su relación con el agua y la madre naturaleza, activista consumado de Tolosa (Guipúzcoa), deportista amateur con marcas y hazañas propias de un profesional de élite y persona tremendamente involucrada con cualquier acción que defienda el medio ambiente y la paz. Seguramente nos dejamos otras características fuera de esta definición, pero se acerca bastante al perfil humano de este fenómeno.

Comenzó siendo atleta en su juventud, pero debido a una lesión tuvo que dejarlo, siempre muy activo deportivamente hablando, decidió que debía hacer algo más y en su lugar de vacaciones estivales en Lodosa (Navarra), se propuso nadar en el Ebro su primera travesía el día 26 de diciembre de 1989

Carlos Peña siempre ha nadado impulsado por algún motivo social en lugares como mares, océanos, ríos, lagos, embalses, estrechos, piscinas, bahías, etc., conociendo de cerca las maravillas y peligros propios de entornos tan salvajes.

Más mérito si cabe, ya que se trata de un deportista amateur con hazañas propias de un profesional.

La mayoría de las veces ha sido acompañado por amigos y voluntarios, en varias ocasiones con la colaboración de organizaciones locales e internacionales y otras, las menos, por entidades gubernamentales. Siempre él nadando y sus colaboradores en medios de transporte marinos (lanchas, kayak, barcos, etc.) que le servían de apoyo logístico y también moral.

Tras 25 años Carlos Peña utiliza la modalidad de nado a espalda, se sirve de un traje de neopreno, unas pequeñas aletas y la fuerza de voluntad que le impulsa a superar retos increíbles: Rio Guadalquivir, Embalse de Alqueva, Río Sella, Mar Muerto, Lago Ness, Río Ebro, Estrecho de Magallanes, Estrecho de Gibraltar, Lago Titikaka, Lago de Maracaibo, y tantos otros que podemos ver en su extenso historial deportivo.

Carlos ha conocido varios continentes, multitud de países, diferentes culturas, se ha relacionado con diferentes estratos sociales, como gobernantes y alcaldes, con personas tan modestas pero tan humanas que han puesto todo lo poco que tenían al servicio de este hombre, y eso sí, siempre donde ha estado, ha sido recibido con honores y alabanzas que merecen tales hazañas como las que lleva a cabo.

Durante su carrera ha ayudado en diferentes ocasiones a ONG’s (entre muchas otras más) con retos solidarios para concienciar a la población estas son:

Global Nature Fund (Living Lakes)
ADMO, Asociación para la donación de médula ósea y cordón umbilical de Extremadura
Fundación Josep Carreras contra la leucemia
ADEMGI, Asociación de Esclerosis Múltiple de Gipuzkoa
GERNA, Grupo de enfermedades raras de Navarra
Banco de Alimentos de Andalucía

Horas y horas en el agua, fruto de la fuerza de voluntad casi sobrenatural y una vida dedicada a este maravilloso deporte que él utiliza para relanzar y difundir actividades medio ambientales, sociales y humanas. Sin ánimo de lucro, sin muchas veces el protagonismo mediático que es justo. Carlos nada, supera sin competir y una vez cumplida su misión, da las gracias a la naturaleza por permitirle una vez más haber sido parte de ella en pura armonía con el agua.

Carlos cumple ¼ de siglo siempre nadando en una misma dirección, la solidaridad y la colaboración en cualquier causa. Si quieren consultar la vida y las travesías de Carlos Peña pueden visitar mi página web www.carlospeña.com

Reportaje de El Diario Vasco

53 travesías y 5.187 kilómetros de solidaridad en un cuarto de siglo

26 de diciembre 1989, río Ebro. Aquella fría mañana en un Logroño que nevaba comenzó para Carlos Peña una andadura deportiva y solidaria, totalmente altruista, que le retrata como persona. Los 200 kilómetros y seis días que empleó en llegar hasta Zaragoza se convirtieron en los primeros de otros cientos de metros y brazadas que han hecho de este tolosarra un asiduo en proyectos deportivos con fines sociales, en la mayoría de los casos relacionados con la defensa del medio ambiente y la paz.

Ríos, mares, estrechos, lagos, embalses y piscinas de tres continentes diferentes han visto como Peña ha devorado kilómetros y kilómetros a favor de multitud de proyectos como la Misión de paz de la ONU en Bosnia Herzegovina en 1995, la campaña para recaudación fondos para los afectados del Huracán Mitch en 1999 nadando en el Ebro, en 2004 en el Lago Chapala de México en colaboración con la Red Internacional Living Lakes o un año después en la inauguración de Usabal conmemorando el 750 aniversario de Tolosa.

Todo empezó a finales de la década de los 80. Carlos Peña era un prometedor atleta del Tolosa CF, «con muy buenas marcas en la Behobia-San Sebastián y en el Maratón de Donostia» indica el aludido, que un buen día tuvo que dejar de correr, «me ardían las piernas. Me dijeron que estaba sobreentrenado». Tras unos meses de descanso y no poder recuperarse para la práctica del atletismo, «tuve que buscar otra actividad. En esa época vivía en Lodosa y no se nos ocurrió otra cosa a mi hermano Iñaki y a mí que organizar una travesía por el Ebro»

«Empezamos a ciegas»

Peña, que no había nadado nunca, se embarcó en una locura en la que todavía sigue inmerso. «Además de no saber muy bien cómo prepararnos, había que meterse en un río desconocido, en invierno» recuerda, «y con esos trajes de neopreno». Hasta 45 minutos necesitaban para colocarse una indumentaria, de dos piezas, con la que sí flotaban pero con la cual no podían nadar como pensaban. «Íbamos con la idea de nadar a crol pero cuando nos pusimos el traje vimos que era imposible. No nos podíamos mover. Eran durísimos. Lo que sí hacían era flotar y probando posturas comprobamos que de espalda si podíamos nadar. Así empecé, a ciegas» explica.

Lo que empezó siendo una actividad deportiva pasó a ser un proyecto que iba más allá. «De la manera más casual me hablaron de nadar a favor de la paz en Bosnia y allí me fui. Ha sido la travesía más difícil y arriesgada de mi vida. Nadé en medio de una guerra. Para entrar al río tuve que pasar entre minas antipersona. También he nadado a favor del medio ambiente en el mar Muerto. Aquel día acabé la travesía despellejado, por la alta temperatura del agua y porque es el mar más salado del mundo. Fue durísimo».

Ante aventuras de este pelaje, 25 años, 53 travesías y 5.187 km. después, Carlos Peña sólo puede decir, «voy a seguir, es mi vida»

Fuente: El Diario Vasco

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