🇬🇷 Yorgos Haggi Statti, ¿el primer apneísta de la historia?

La apnea es comúnmente conocida como uno de los deportes acuáticos más extremos de todos y cuantos deportes de agua existen. Se trata de una disciplina en la que la o el deportista se sumerge en el agua sin asistencia respiratoria, es decir, depende única y exclusivamente de su capacidad pulmonar. Una vez sumergido, el objetivo varía dependiendo de la modalidad, pero es común que, cuanto más se pueda aguantar sin salir a la superficie, mejor. Entre esas modalidades están la de peso constante con o sin aletas, la apnea dinámica (con o sin aletas también), la estática o la de peso variable. Estas son solo algunas de ellas, pero hay también otros deportes que se practican en apnea, como la fotografía, el rugby o el hockey subacuático.

Este tipo de deportistas, bautizados como “nómadas del mar”, pueden descender más de 70 metros con una sola bocanada de aire y aguantar en el agua hasta más de siete minutos. ¿El truco? Investigaciones recientes en tribus Bajau en Filipinas, han demostrado que disponer de un bazo lo suficientemente grande ayuda a proporcionar al o a la deportista del oxígeno adicional necesario. Cuanto más grande, de más oxígeno podrá disfrutar quien decide emprender la aventura de la apnea. Este oxígeno extra se le suministra al organismo cuando la persona ya no puede respirar por iniciativa propia, liberando el bazo glóbulos rojos que contienen oxígeno adicional.


apnea playing with fishes” (CC BY 2.0) by steren.giannini

Con respecto a la situación del deporte en España, lo cierto es que todavía se encuentra en consolidación. Deportistas como Isabel Sánchez Arán, actual campeona de España, o Miguel Lozano, primer español en ser capaz de descender 100 metros, son ahora mismo algunos de los principales referentes del país. Son asimismo quienes tienen la misión de contribuir a que la apnea se vaya abriendo paso. Es lo que ha hecho, por ejemplo, el pádel, convirtiéndose en una alternativa muy popular y ganándose un hueco incluso en las apuestas deportivas de William Hill, entre otras plataformas.

Yorgos al rescate

A parte del tamaño del bazo, hay otra característica que comparten quienes practican la apnea: la pasión por observar lo que hay en el agua, bien sea fauna, bien sea flora. Seguramente, Yorgos Haggi Statti tenía esa pasión y, seguramente, es este uno de los motivos por los que este griego es considerado como el primer deportista de apnea de la historia moderna. Y eso que hay quienes han señalado que ya durante la civilización griega se practicaba este deporte. En cualquier caso, parece que hay más consenso en lo que respecta a Yorgos Haggi Statti.

Su historia es la historia de alguien que tenía mucha confianza en sí mismo, pues cuenta la leyenda que nadie de quien estaba a bordo en el mismo barco que el griego creyera que podía conseguir lo que Yorgos decía que podía conseguir. Esa embarcación se llamaba Regina Margherita, que navegaba aquel junio de 1911 por la Bahía Pigadia, en el Mar Egeo. Allí, una tormenta propició que el barco se desprendiera involuntariamente de su ancla, quedando esta sumergida a 77 metros de profundidad y sin posibilidad alguna de recuperarla. O eso pensaron durante días.


Penetrando en el mar” (CC BY-SA 2.0) by hermenpaca

Lo intentaron de muchas maneras distintas. También con buzos, es decir, con personas que pudieron haber sido consideradas años más tardes como los primeros apneístas pero que, lamentablemente, fracasaron en el intento. Por aquel entonces, nadie hubiese apostado a favor de que se pudiese completar la misión satisfactoriamente, pero fue entonces cuando el capitán del Regina Margherita decidió acudir a un grupo de pescadores de esponjas naturales de Grecia, pescadores a quienes se les atribuía buenas habilidades en el buceo.

Ahora sí, el capitán había encontrado a su candidato, que se ofreció voluntariamente a rescatar él mismo el ancla. Ese voluntario era Yorgos Haggi Statti de Grecia, que llegó a afirmar que podía descender hasta 100 metros de profundidad. Su apariencia, delgada y enfermiza, provocó el escepticismo de quien iba a bordo. Y también supuso un inconveniente la opinión de los doctores, que recomendaron tanto al capitán como al propio Yiorgos no hacerlo. Al final, nadie pudo negarle su destino. Yiorgos saltó al agua, descendió los 77 metros necesarios y sacó, triunfante, el ancla de las profundidades del mar, convirtiéndose así, en conclusión, en un icono de la apnea. En el primer apneísta de la historia.

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